Industria naval: competir en igualdad de condiciones
El Senado dio media sanción este año a dos proyectos que promueven el desarrollo de la industria naval y la marina mercante. Ambos fueron votados en conjunto y obtuvieron la unanimidad. Sobre las iniciativas que deben ser tratadas por la Cámara de Diputados y al celebrarse hoy el Día nacional de los Transporte Navales opinó para Télam Enrique Godoy, presidente del astillero Tecnopesca Argentina de Mar del Plata y vocal titular de la Federación de Industria Naval Argentina.
De los 485 barcos pesqueros mayores a 15 m de eslora que se han incorporado a la matrícula nacional desde 1930 a 2015, el 51,55% fue adquirido en el extranjero y el 48,45% se construyó en el país. Esos porcentajes adquieren mayor relevancia cuando se aclara que del total de metros cúbicos de bodega que en ese período se incorporaron a la matrícula, el 91% de los mismos corresponden a buques usados importados. Aquello que no hace falta aclarar es que los astilleros no construimos buques usados, solo podemos construirlos nuevos, luego, nuestro único pedido es que se nos permita competir en igualdad de condiciones, comparar nuevos con nuevos.
Esto no es un cuestionamiento a quien compra, no estamos disputando con el armador: estamos en pugna por una legislación que permita agregar más valor a la industria y al país. Los dos proyectos de Ley, uno de Industria Naval y otro de Marina Mercante que obtuvieron media sanción en el Senado el 16 de Noviembre tuvieron escasa, el primero, y nula el segundo, participación del sector Industrial Naval. Por no escuchar o por ser moneda de cambio política ha perdido el legislador y por su intermedio el País, una gran oportunidad de dejar de castigar al que invierte, de darle impulso a una industria que tiene capacidad de hacer, que tiene un enorme poder de multiplicación económica y que es una gran generadora de empleos. A modo de ejemplo: un barco de mediano porte, puede emplear en su diseño y construcción un promedio de entre 100 y 200 mil horas hombre. Los obreros, técnicos e Ingenieros, que actúan en la Industria Naval tienen alta capacitación y por tanto sueldos acordes, más altos que la media del país. Si el barco se construye en Argentina, el dinero pagado en sueldos, puede distribuirse entre Argentinos.
Por supuesto que un barco usado se compra más barato que uno nuevo, es claro. Pero eso no es competencia. Insistimos, la competencia es entre pares, las peras se comparan con peras, no con manzanas. El Estado debe limitar el ingreso de barcos usados, en función de la capacidad de la Industria Nacional. Si no es así, el paralelo deja de ser entre iguales, nuevos con nuevos, y pasa a ser entre desiguales, nuevos Nacionales con usados extranjeros.
No hace falta ser experto para darse cuenta que, "la pelea en el mundo de hoy" se da por el trabajo. No podemos dejar de ver que, al importar buques usados o cualquier otro equipo que hace a la logística de nuestra manufactura agroindustrial, y que se pueda construir en el país -siempre compitiendo y sin prebendas-, es regalar trabajo, es resignar la batalla antes de darla, es arrodillarse. ¿Ante quién nos arrodillamos? Pues ante los países que ofrecen financiación por sus productos y que lo pueden hacer por dos razones básicas: o hambrean a sus obreros -condición que ningún argentino desea para sí-, o porque primero generaron, con su propio trabajo, el dinero para financiar. Es ese mismo trabajo que nosotros dilapidamos el que luego debemos compensar con ayuda social al 30% de los argentinos, que no tienen, paradójicamente, trabajo de calidad.
Invertir, capacitar, dar oportunidades y tener utilidades razonables, a fin poder reinvertir lo máximo posible, es el camino que hasta ahora nos ha permitido evolucionar, lenta pero sostenidamente. No queremos ningún tipo de privilegio, lo único que pretendemos es la igualdad en los términos de competencia.
Fuente: http://www.telam.com.ar/notas/201612/175122-industria-naval-competir-en-igualdad-de-condiciones.html